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Borreliosis

Lyme es una enfermedad infectocontagiosa producida por una bacteria denominada Borrelia burgdorferi, una enfermedad reconocida desde 1976 y que fue indentificada en los EEUU al estar los pacientes agrupados en la ciudad de Lyme (Connecticut) donde antes se pensaba que los pacientes tenían Artritis Reumatoide Juvenil.

Hoy se sabe que un proceso crónico originado por contacto por la garrapata Ixodes ricinus y otros como I. scapularis, junto a la inoculación de una espiroqueta denominada Borrelia burgdorferi que se localiza en las garrapatas y en los mamíferos incluido el hombre. Desde 1982 en EEUU se identifican unos 15.000 casos nuevos cada año. En España es una enfermedad poco diagnosticada, poco pensada por los médicos ante síntomas sugestivos en sus pacientes. Siempre que hay un cuadro clínico que no evoluciona bien, no bien definido, errático, articular o periarticular, cansancio crónico, pérdidas de peso, molestias gastrointestinales no bien definidas u otras alteraciones, conviene descartar borreliosis, si hay criterios para pensar en ella.

¿Qué fases clínicas tiene?

  • Fase I: Infección localizada
Tras un periodo de incubación de 3-32 días aparece un eritema migratorio en punto de la picadura (una mácula pápula que se extiende de forma anular y que incrementa su diámetro con un borde externo rojo y palidez interna). Los pacientes no suelen recordar la picadura inicial. La lesión es indolora y caliente y en un 20% de los casos esta lesión no aparece.

  • Fase II: Infección diseminada
Tras la fase de eritema (días/semanas) por vía hematógena progresa la Borrelia burdorferi, surgen lesiones cutáneas anulares parecidas a la primera pero acompañada de dolor de cabeza, fiebre, escalofríos, dolor de cuello, adenopatías, artromialgias migratorias, fatiga y profundo malestar. En determinados casos se produce esplenomegalia (aumento del tamaño del bazo), hepatitis, tos seca, faringoamigdalitis, dolor de cuello, iritis, hinchazón testicular, conjuntivitis. La clínica es intermitente, cambiante, menos el cansancio y la sensación de letargo o somnolencia, presentando fases de remisión y mejora. Un pequeño porcentaje de pacientes no presentan sintomatología. Pueden existir signos neurológicos con más frecuencia en edad infantil. Un 10% de los afectados pueden presentar cardipatías, con expresión de bloqueo AV de primer grado o signos EKG demiopericarditis.

  • Fase III: Infección crónica o persistente
Si no se trató en su momento, un 60% de los pacientes presentan un cuadro de artritis franca con afectación de grandes articulaciones como cadera o rodilla, pero también articulaciones pequeñas y periarticulares. La artritis, aún tratada correctamente, puede persistir meses o años.

  • Fase IV: Diagnóstico
El diagnóstico no es sencillo a no ser que se piense en ello. Es infrecuente que el paciente recuerde si estuvo en contacto con la garrapata y le pico. En este caso los estudios tradicionales no sirven, siendo necesario realizar un análisis serológico para medir IgG o IgM con la técnica Western-Blot, debido a que los test de ELISA pueden ser erróneos. De igual manera en CMI-Clínica Medicina Integrativa se confirma el estudio con un diagnóstico de Biorresonancia Med-Tronik.

  • Fase V: Tratamiento
El tratamiento de estos pacientes debe hacerse bajo un protocolo estricto con antibióticos que en algunos casos deben ser aplicado por vía endovenosa bajo control . En apoyo a la terapia antibiótica y desde el ámbito de la medicina integrativa, es necesario cuidar el sistema digestivo y el hígado (hepatoprotección) con una correcta dieta antiinflamatoria, repoblar el sistema de bacterias intestinales y suplementación nutricional a dosis farmacológicas. Si las cosas se hacen con rigor, el tratamiento es positivo y un gran volumen de los problemas de la fase crónica son controlados.

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